No es nostalgia de tiempos pasados. Ocurre que soy una víctima más del Windows Vista. Juntando peso sobre peso –o dólar sobre dólar- compré una notebook Dell, con un procesador Core 2 Duo de 1,6 Gb y 1Gb de memoria RAM. Lamentablemente, fue antes de que Dell decidiera, por pedido de sus clientes, volver a vender equipos con el Windows XP. Desde el comienzo, tuve que deshabilitar todos los juguetitos visuales que tiene el software, porque la máquina se dormía. Sin embargo, nunca logré que corriera más o menos normalmente un simple Word junto a un explorador de Internet. Ni hablar lo que pasó cuando inocentemente decidí usar el Outlook. Ahí la máquina virtualmente entró en una parálisis. Parece que el Vista
“tiene algunas incompatibilidades” con el Outlook 2003, según el informe del fabricante.
¿Qué quiere decir? Significa que el Outlook nunca termina de cargarse, porque luego de dos o tres minutos finalmente se queda la pantalla en blanco y el sistema operativo me avisa que el programa “no responde”. Y tiene razón, no responde. Recorriendo las galerías Jardín, ese centro de Buenos Aires en el cual se concentran unos 60 o 70 negocios de computación, me enteré que hay compradores de equipos de todas las marcas –IBM, HP, Dell y otros- que se acercan para averiguar cuánto cuesta un XP y otros que se quejan porque el soporte de sus máquinas no los asesora correctamente. “Hoy vino una chica que formateó el disco para sacar el Vista, y ahora se entera de que el hardware no está preparado para funcionar sin Vista. Aunque con el Vista tampoco funciona”, fue el comentario de uno de los técnicos que hace de soporte en uno de los principales negocios del lugar. El soporte de Dell, muy atento y de respuesta inmediata, trató de disuadirme de la idea de instalar nuevamente el Windows XP, software que cuesta la bonita suma de US$ 454, un 50 por ciento de lo que cuesta el hardware de una computadora más o menos aceptable. Como yo tengo uno que alguna vez me obsequiaron, quise instalarlo. Allí me enteré de la tremenda verdad: Cada vez que trato de hacer algo para desinstalar el Vista, el BIOS me adivina la intención y bloquea el intento. También, leyendo informes que llegaban del exterior, me enteré de otra tremenda verdad: En una nota publicada en The Inquirer en español el último 2 de julio, Javier Pastor informaba que Microsoft había decidido “simplificar” el paso de Vista a XP. Es un artículo que recomiendo leer, porque no tiene desperdicio. Luego de leerlo, un sano consejo: Antes de instalar un sistema operativo nuevo, espere que pasen dos o tres años, suficientes como para saber si la experiencia vale la pena. Escribo este post con mi vieja máquina, un clon Pentium con 512 Mb de RAM y un viejo XP. Y siento que el software no corre, vuela.
“tiene algunas incompatibilidades” con el Outlook 2003, según el informe del fabricante.
¿Qué quiere decir? Significa que el Outlook nunca termina de cargarse, porque luego de dos o tres minutos finalmente se queda la pantalla en blanco y el sistema operativo me avisa que el programa “no responde”. Y tiene razón, no responde. Recorriendo las galerías Jardín, ese centro de Buenos Aires en el cual se concentran unos 60 o 70 negocios de computación, me enteré que hay compradores de equipos de todas las marcas –IBM, HP, Dell y otros- que se acercan para averiguar cuánto cuesta un XP y otros que se quejan porque el soporte de sus máquinas no los asesora correctamente. “Hoy vino una chica que formateó el disco para sacar el Vista, y ahora se entera de que el hardware no está preparado para funcionar sin Vista. Aunque con el Vista tampoco funciona”, fue el comentario de uno de los técnicos que hace de soporte en uno de los principales negocios del lugar. El soporte de Dell, muy atento y de respuesta inmediata, trató de disuadirme de la idea de instalar nuevamente el Windows XP, software que cuesta la bonita suma de US$ 454, un 50 por ciento de lo que cuesta el hardware de una computadora más o menos aceptable. Como yo tengo uno que alguna vez me obsequiaron, quise instalarlo. Allí me enteré de la tremenda verdad: Cada vez que trato de hacer algo para desinstalar el Vista, el BIOS me adivina la intención y bloquea el intento. También, leyendo informes que llegaban del exterior, me enteré de otra tremenda verdad: En una nota publicada en The Inquirer en español el último 2 de julio, Javier Pastor informaba que Microsoft había decidido “simplificar” el paso de Vista a XP. Es un artículo que recomiendo leer, porque no tiene desperdicio. Luego de leerlo, un sano consejo: Antes de instalar un sistema operativo nuevo, espere que pasen dos o tres años, suficientes como para saber si la experiencia vale la pena. Escribo este post con mi vieja máquina, un clon Pentium con 512 Mb de RAM y un viejo XP. Y siento que el software no corre, vuela.